Viena tiene como característica mítica, el haber sido la tierra donde pisó Mozart; allí pensó parte de los 4 movimientos de su 5 Sinfonía. ¿Allí comenzaría a comprender que su sordera era inevitable? En espacio donde nace la música, también, unos fabuladores inventaron que lo denominado científico tenía que ser bajo el lenguaje lógico-matemático. Carnap uno de sus representantes no era igual a Wiggenstein, en cuanto a defender los postulados del grupo vienés, pero en ambos, el número era más importante que la comprensión de aquello que el ser humano pensaba sobre la realidad. Pitágoras tal vez tenía razón, el número era magia, pero no para el Círculo de Viena, ellos bostezaban con las recién denominadas ciencias sociales, ellas se salieron con la suya: no le tuvieron miedo al círculo.